REALIDADES Y FICCIONES Nº 4 (CONTINUACIÓN)

Marzo de 2011


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SOBRE LA CENSURA A UN TANGO DE MANZI Y OTRAS AGUDEZAS
por Héctor Zabala ©

ANTECEDENTES
Homero Manzi fue uno de los grandes poetas populares de Buenos Aires. Pese a no ser oriundo de la capital argentina (nació en Añatuya, un pueblito de Santiago del Estero, a más de mil kilómetros), su crianza y educación transcurrió en la ciudad porteña. En un mundo cambiante, como el de su juventud, logró inmortalizar en versos la pérdida de las cosas (antiguos barrios, oficios, hábitos) que se irían para no volver jamás. Su talento consistió justamente en hacer de la nostalgia un testimonio cabal de nuestras viejas costumbres ciudadanas, que sin duda jerarquizaría al tango como muy pocos autores lo lograron.
Es justo decir que, en general, sus letras no fueron censuradas. Sin embargo, hay un caso paradigmático. De paso, vale la pena aclarar que la censura en la Argentina, por lo menos en lo que hace al tango, no nació con el golpe militar del 4 de junio de 1943 sino bastante antes, aunque también es cierto que las prohibiciones recrudecieron a partir de esa fecha.
En efecto, la censura ya hacía lo suyo aun desde el gobierno anterior, surgido en elecciones. La administración del Dr. Ramón Castillo, quien había reemplazado en la titularidad del Poder Ejecutivo al presidente Roberto M. Ortiz por razones de salud, no fue ajena al uso del lápiz rojo.

LA LETRA EN CUESTIÓN
El tango "Tal vez será mi alcohol" (orquesta de Lucio Demare y voz de Raúl Berón) fue grabado el 6 de mayo de 1943, un mes antes del levantamiento militar. Sin embargo, a los pocos días (y antes del golpe) los discos pertinentes debieron ser retirados de la venta a causa de su imposible emisión por radio. Cabe recordar que en los años ‘40, época previa a la TV, el gran medio de difusión para todo lo concerniente a obras musicales de carácter popular era la radiofonía.
Aunque la Resolución 06869 de Radiocomunicaciones [1] sería aprobada más tarde -el 14 de octubre de 1943- bajo el gobierno de facto, mucho antes corría ya una especie de lista negra que alcanzó, entre otros, a este tango de Manzi, seguramente por considerárselo una incitación al vicio.
El 13 de septiembre de ese año, con varias modificaciones a la letra original, el tango volvería a ser grabado, pero bajo el título "Tal vez será su voz", pues caerían bajo anatema –además del nombre de la obra– los versos 1º, 2º, 5º, 13º, 14º, 15º, 16º, 18º, 19º, 20º, 21º, 23º, 24º, 28º y 29º. Es decir, más de la mitad de la poesía.
A continuación se indican en rojo las partes que fueron censuradas y cambiadas.

TAL VEZ SERÁ MI ALCOHOL
Letra original de Homero Manzi del 6/5/1943 [2]

Suena el fueye, la luz está sobrando,
se hace noche en la pista y sin querer
las sombras se arrinconan evocando
a Griseta, a Malena, a María Ester.

Las sombras que a la pista trajo el tango
me obligan a evocarla a mí también.
Bailemos que me duele estar soñando
con el brillo de su traje de satén.

¿Quién pena en el violín?
¿Qué voz sentimental
cansada de sufrir
se ha puesto a sollozar así?

Tal vez será tu voz,
[...] aquella que una vez
de pronto se apagó.
¡Tal vez será mi alcohol, tal vez!
Su voz no puede ser,
su voz ya se durmió.
¡Tendrán que ser nomás
fantasmas de mi alcohol!

Como vos, era pálida y lejana,
negro el pelo, los ojos verde gris.
Y era también su boca
entre la luz del alba
una triste flor de carmín.

Un día no llegó, quedé esperando,
y luego me contaron su final.
Por eso con la sombra de los tangos
¡la recuerdo vanamente más y más!

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TAL VEZ SERÁ SU VOZ
Letra modificada de Homero Manzi del 13/9/1943 [2]

Suena el piano, la luz está sobrando,
se hace noche de pronto y sin querer
las sombras se arrinconan evocando
a Griseta, a Malena, a María Ester.

Las sombras que esta noche trajo el tango
me obligan a evocarla a mí también.
Bailemos que me duele estar soñando
con el brillo de su traje de satén.

¿Quién pena en el violín?
¿Qué voz sentimental
cansada de sufrir
se ha puesto a sollozar así?

Tal vez será el rumor
de aquella que una vez
de pronto se durmió.
¡Tal vez será su voz, tal vez!
Su voz no puede ser,
su voz ya se apagó.
¡Tendrá que ser nomás
mi propio corazón!

Era triste, era pálida y lejana,
negro el pelo, los ojos verde gris.
Y eran también sus labios
al sol de la mañana
una triste flor de carmín.

Un día no llegó, quedé esperando,
y luego me contaron su final.
Por eso con las sombras de los tangos
¡vanamente la recuerdo más y más!

MODIFICACIONES Y MOTIVOS INQUISITORIALES
• En el verso 1º, se sustituyó la palabra "fueye" por la anodina "piano". La censura no quería lunfardismos y el sinónimo castizo (bandoneón) hubiera violentado la métrica.
• En el 2º, se reemplazó "en la pista" por "de pronto". La palabra pista, si bien no provenía del lunfardo, aún no estaba aceptada por la Real Academia Española en cuanto a tal significado. En su Diccionario de 1939 (que era la versión vigente en 1943), no figuraba la actual acepción: 3.f. Espacio destinado al baile en salones de recreo, discotecas, etc.
Por otra parte, pista quizá le traería al censor connotaciones de locales de bajo fondo, de antros de mala vida o quizá hasta de pista de carrera de caballos, con seguridad otro escándalo para censores pundonorosos. Igual razón reconoce el reemplazo de "a la pista" por "esta noche" del 5º verso.
• Donde más se siente la censura es en la estrofa que contiene los versos 13º al 20º, y que después de los cambios la belleza poética queda muy deteriorada, además de que la historia cambia de raíz.
En efecto, el argumento primigenio hablaba de un hombre que bebía para sobrellevar el estado depresivo provocado por la pérdida de su amada. En la historia corregida no hay depresión ni intento de paliarla con buenos ni malos tragos: sólo hay simple nostalgia. Y a tal punto se tergiversa la idea de origen, que los posibles efectos de la bebida se sustituyen (o al menos se sugiere) por simples penas del corazón. De paso, esta última palabra, tan cara como posible centro de los sentimientos humanos, sirve una vez más para abusar de su uso en rimas y cierres. ¡Chan, chan!
• Hay una permutación entre los versos 16º y 18º ("apagó" por "durmió" y viceversa) que posiblemente responda a que, para la mentalidad del censor, una voz quizá no podría dormirse pero sí apagarse. Aclaro que esto es conjetura mía. Pero una conjetura que se sustenta en argumentos sólidos: por aquel entonces se insistía también en la necesidad del sentido cuasi literal. El significado debía ser límpido, para nada oscuro ni ambiguo; es decir, obvio y, ¿por qué no?, mediocre.
• Probablemente para la censura, el primitivo verso 24º fuese demasiado desvergonzado. La expresión "al sol de la mañana" suena más inocente a los oídos de cualquier censor, que se precie de serlo, que su precedente "entre la luz del alba", frase que connota oscuridad, perdición, sexo, pecado.

UN CASO ESPECIAL QUE TRAJO COLA
• El verso 21º fue sustituido en parte porque allí aparecía un demonio mucho mayor que el del alcohol (como habría dicho el propio Manzi): el voseo.
Este modismo argentino, que data de tiempos coloniales, era poco menos que sacrílego para los Torquemadas de la época. Porque, tal como sabemos, no deja de ser loable darse cuenta desde un trono de ciertos "errores" populares apenas cuatrocientos años después. Y qué mejor entonces que intentar cambiar a la gente, manu militari, su modo de hablar.
En ese tiempo, al igual que ahora, todos los argentinos (aun los más cultos) voseaban en casa, entre amigos o con compañeros de trabajo, pero se daba la rara paradoja de que tal costumbre estaba absolutamente prohibida en radio, periódicos, libros escolares, textos académicos, conferencias, obras teatrales, cine nacional, etc.
Incluso la prohibición fue tan exagerada que una década más tarde hasta se quiso imponer el tuteo en los recreos escolares por sugerencia de un trasnochado ministro de educación. El resultado fue que en muchos colegios se llegó al colmo de escuchar a las maestras tratando de usted a los alumnos para no caer en el voseo ni recurrir al tuteo. Porque el problema es que el tuteo es una forma de trato extraño entre argentinos; a la mayoría nos suena cómico, casi antinatural, más allá de que igual lo dominemos por la práctica de leer textos españoles o por tener casi todos algún abuelo o bisabuelo hispano. De ahí que hasta fuera probable que un empleado de la propia oficina de censura le dijera a otro: ¡Este verso no va, che! ¡No se lo podés dejar pasar! Sabés que el voseo aquí no corre. ¡Así que decile al tipo ese que para que esto funque, lo tiene que cambiar por el tuteo!
Pero en los colegios el remedio terminó siendo peor que la enfermedad. Las maestras al usar la fórmula de respeto se exponían a que los alumnos las considerásemos siempre enojadas o distantes. En Argentina, al menos en aquellos años, padres y madres recurrían al trato de usted cuando querían retar o mantener en penitencia al hijo travieso para enmendarlo. Sugerir desde un ministerio que no se usara el voseo no fue una buena idea.

CONCLUSIÓN Y PARADOJA
Pero lo más ridículo de toda esta historia es que la versión que todavía se canta hoy siga siendo la modificada (la del 13/9/1943), pese a que la letra original es notoriamente superior y ya no exista censura alguna. Se ve que el fantasma del inquisidor todavía persiste por los pasillos del tango.

[1] Radiocomunicaciones era la oficina de la Dirección de Correos, que controlaba las emisiones radiales.
[2] En ambos casos, la música es de Lucio Demare.

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Homero Manzi (Buenos Aires, 1/11/1907 - 3/5/1951). Su biografía se encuentra en REVISTA SESAM Nº 76 (ver http://www.sesamweb.com.ar/).

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EL BLUF DE GRAN HERMANO Y LA CULTURA ARGENTINA
por Héctor Zabala ©

EL MONSTRUO CONTRAATACA
Al mejor estilo de El regreso de los muertos vivos o de Jurasic Park, películas en las que se ven resucitar monstruos del pasado, la TV argentina nos sorprende con una nueva versión de Gran Hermano 2011, cuando toda persona sensata suponía que seguirían enterrados ad infinitum ¡Excelente, sigan así, mejorando día a día la cultura nacional!
El programa es más o menos una copia de su equivalente holandesa, supuestamente inspirada en un libro de George Orwell [1], pero vale la pena recordar que no es privativa de los Países Bajos ni de Argentina.
También suecos, belgas, españoles, norteamericanos, ingleses, africanos, alemanes, noruegos, australianos, brasileños, canadienses, croatas, ecuatorianos, mexicanos, colombianos, franceses, rumanos y muchísimos más han caído en lo mismo. Y aunque el refrán "mal de muchos, consuelo de tontos" siga en vigencia, al menos podemos decir que no estamos solos en esto y de paso comprobar una vez más que la estupidez no respeta fronteras, razas ni credos. Sin embargo, sería interesante descubrir si algún país quedó indemne, a fin de instituir el Premio Internacional a la Sensatez para dárselo al que sea como ejemplo para la humanidad toda.

UN SIEMPRE VIGENTE OSCAR WILDE
Si Oscar Wilde no nos hubiera advertido hace poco más de un siglo sobre la necesidad de cierta gente por ver y oír hasta el cansancio las mismas estupideces, hubiera sido difícil de creer en la vuelta de Gran Hermano a la TV argentina por aire; pero, bueno, aquel escritor perspicaz lo puso en su ensayo [2], estamos avisados, y es obvio que los directivos de algunos canales hacen lo imposible para que Wilde siga vigente hasta el juicio final. Quizá sea esta la única misión en la vida de un gerente de TV, pero aun así cuesta entender la terquedad asnal de repetir y repetir la misma tontería mediática, como si una veintena de tipos encerrados por propia voluntad nos vaya a enseñar algo nuevo o fuera tan fascinante de ver.

CRÉDULOS PESE A LOS TESTIMONIOS EN CONTRA
Pero lo más sorprendente es que haya televidentes que todavía crean que este "juego" está hecho realmente en serio, es decir que aún queden espíritus ingenuos como para dejarse calentar la cabeza en pos de un amor o un odio hacia personas que ni siquiera conocen. O peor aún, que crean que pueden llegar a conocerlas en profundidad porque las ven comer, gritarse, perdonarse, dormir o rascarse el ombligo durante unos meses. Y encima, no se den cuenta que estos amores y odios están fomentados por productores que utilizan estudiadas técnicas masivas de persuasión a fin de que la gente desperdicie su dinero en llamadas telefónicas y alimente así a un programa que sólo merece desprecio.
Y lo peor es que todo ese público ingenuo no recuerde, después de casi dos décadas, el testimonio de varios integrantes de ediciones anteriores (o de similares, como El Bar) que revelaban a quien quería oírlos que todo el programa había sido una farsa desde el primer día, que respondía a un guión general y que cada integrante cumplía un rol específico, como ser: un tipo difícil, histérico, abnegado, bruto, intelectual, traumado, fanfarrón, estúpido, taimado o mujeriego, cuando no lesbiana, gay o con alguna otra singularidad sexual. Y no faltó, además, quien asegurara que los participantes debían decir una línea de texto pergeñada de antemano por la productora (texto que, oh casualidad, coincidía siempre con el tema más conveniente para ese instante) y hasta sostener diálogos con pie actoral y todo, según la 14ª acepción de la palabra pie en el Diccionario de la RAE, tal como los actores hacen en el teatro o en el cine, a fin de darle fluidez a la ficción que representan.

SU SIMILITUD CON EL CATCH
Así que, tal como en el catch-as-catch-can de tiempos de Titanes en el Ring [3], en el que en apariencia los luchadores se daban todo tipo de golpes peligrosísimos (como patadas voladoras, piquetes de ojos, pisotones en el cuello, etc.), toda versión de Gran Hermano vendría a resultar un bluf, un espectáculo de circo o de prestidigitación.
De hecho, una patada voladora, como las que vimos practicar de chicos a más de un luchador de catch, hubiera significado dejar al rival en coma, de haberse hecho tal como sugería la tele. Sin embargo, nuestros ojos infantiles veían al luchador agredido levantarse con presteza y seguir el combate con una energía envidiable, como si nada hubiera pasado. Y es que en realidad nada le había pasado. Un habilidoso camarógrafo mostraba la "tremenda patada" que pasaba de derecha a izquierda (o viceversa) por la pantalla de nuestro televisor y la caída simultánea y largamente ensayada del otro, que más que rival era un compañero de trabajo.
¿Dónde estaba el truco? Algunos camarógrafos ineptos lo develaron más tarde cuando sus cámaras apuntaron alguna vez de frente (ángulo erróneo, prohibido) a quien tiraba la patada voladora, permitiendo así, sin querer, que todo el mundo viera cómo el cuerpo de la fortaleza volante pasaba a unos diez centímetros del torso o el rostro adversario.
Bueno, en Gran Hermano, parece que se utilizan técnicas similares en cuanto a cámara y libretos.

RAZONES PARA QUE EL PROGRAMA SEA UN BLUF
• Y más allá de que haya psicólogos que hablen en contra de los Gran Hermano, por razones de vulnerabilidad para ciertos concursantes, o que lo tilden de programa perverso o de experimento nazi, lo cierto es que no es irrazonable pensar en un montaje adrede y completo porque nadie sabe cómo puede reaccionar una persona vulnerable (si el asunto fuera de veras) ante una injusticia real o imaginaria, bajo el estrés de meses de encierro, sin apoyo inmediato de sus seres queridos y con el arrastre de otras carencias básicas, si de pronto le sobreviene un ataque psicótico o una fuerte neurosis.
Por ende, es muy razonable suponer que aquellos "ex hermanos" decían (y dicen) la verdad en cuanto al tema de los libretos. Y esto además se compadece con que un canal televisivo nunca va a arriesgarse a que ocurra un hecho delictivo irreparable, por más que rodeen a los candidatos a cobayos con equipos de psicólogos a modo de bomberos. Para asesinar, sólo se necesita unos segundos, cualquiera lo sabe, y después no hay contrato firmado que valga frente a un juez o cámara federal que quiera y deba impartir justicia. Al fin y al cabo, estos programas se hacen para ganar dinero, no para que el canal lo pierda en indemnizaciones de por vida.

• Pero hay otra razón para creer que todo Gran Hermano responde a un libreto. Si a un grupo grande de personas se lo deja a su total albedrío en una casa-cárcel, lo más probable es que para los televidentes resulte un verdadero plomo por la sarta de diálogos (o monólogos) intrascendentes, inconexos, monótonos o egocéntricos, sumados a los tics, ansiedades, bostezos y siestas de los demás participantes, quienes, más allá de comer y beber, poco tendrían para mostrar. Ningún canal se arriesgaría a que sucediera esto porque entonces, salvo algunos masoquistas, ninguno lo vería después de un par de semanas. Y lo que más temen los canales televisivos son los ratings bajos.

• Y hay otra razón más: si un Gran Hermano no responde a un libreto, el experimento podría quedar fuera de control. Porque ante injusticias, reales o imaginarias, bien podrían darse verdaderas rebeliones en serio, en especial después de varios días de hastío. Y en tales condiciones, los participantes podrían ponerse de acuerdo y crear climas absolutamente obscenos, apáticos, grotescos, agresivos y hasta blasfemos, que terminarían en expulsiones masivas o el repudio generalizado de la gente, y en la inmediata caída de ratings y de alguna cabeza gerencial.

CONCLUSIÓN: ¿QUIÉNES JUEGAN EN REALIDAD?
Si se piensa bien, el juego no es entre los que concursan, por más que las reglas digan esto, sino que se trata de un juego casi exclusivo de la producción. Sí, en realidad es la producción la que juega tanto con los televidentes como con los que quedan encerrados en la casa.
En efecto, a los primeros la producción les saca dinero, acicateándolos con antipatías y simpatías inventadas, y a los segundos haciéndoles creer que mañana mismo serán famosos. Por supuesto, el dinero jamás volverá al bolsillo del incauto televidente y la fama es puro cuento, como bien dice el tango [4]. Un caso típico del juego del gato y el ratón.

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[1] Se trata de la novela de George Orwell, escrita entre 1947 y 1948, y editada en 1949 bajo el título "1984". El autor la llamó The Last Man in Europe (El último hombre en Europa), pero su título fue cambiado por razones comerciales. La novela muestra una sociedad alienada y controlada al máximo por un gobierno totalitario; control que llega no sólo a todo hogar sino al pensamiento mismo de cada habitante, a través de un Gran Hermano o Hermano Mayor, especie de organización partidaria, ubicua y omnipresente.
[2] Oscar Wilde, El alma del hombre bajo el socialismo (ver REALIDADES y FICCIONES # 1) en esta misma página literaria.
[3] Titanes en el Ring fue un programa televisivo creado por el deportista-actor Martín Karadagián (Buenos Aires, 1922-1991) en el que su compañía de luchadores disputaba todos los años (con niveles altísimos de popularidad entre 1962 y 1973, y ya en decadencia hasta 1988) un pretendido campeonato mundial de catch-as-catch-can, siempre en la capital argentina. Dotado de mucho humor e inventiva para crear personajes y supuestos campeones de diversos países, Karadagián pretendía en sus exhibiciones ser armenio y campeón mundial de catch, especialidad que jamás fue aceptada como olímpica. En su época, varias compañías similares (o troupes) hacían lo mismo a lo largo del mundo y todas trabajaban bajo licencia circense.
[4] Vieja viola, de Humberto Correa (1932): "...y la fama es puro cuento / y andando mal y sin vento / todo, todo se acabó..."

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REALIDADES Y FICCIONES ©

Héctor Zabala
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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